miércoles, 24 de abril de 2013

Chema Diéguez, ilustrador con genio


Picasso en los últimos años de su vida, en su casa de Californie, se siente libre y embadurna papeles, cartones y lienzos de colores. Se siente feliz. Preguntado sobre su obra responde: "de niño pintaba como Rafael, ahora que soy viejo pinto como los niños". Ser niño, trabajar como los niños, dar el salto a la vida guardando su encanto ¡he ahí la cuestión!

En la obra de Chema Diéguez encontramos el gran secreto picassiano: permanecer niño travieso que necesita dibujar...y guardar siempre la ilusión del primer dibujo, la risa de satisfacción al ver que otros niños de pocos años o muy mayores, lo entienden.

El logro es tal, que apenas apreciamos los esfuerzos. La obra aparece siempre precisa, sugerente y resuelta. Cuando las exigencias del guión hacen que el niño grande, el hermano mayor que es Chema Diéguez, precise usar del oficio de ilustrador, no puede dejar de lado la ternura. Nos presenta rostros ingenuos de ojos tan grandes como para devorar el mundo, párvulos agotados que comparten la cama con su osito de peluche o bebés que duermen arropados por las blandas tapas de un libro. Abre su caja de ilusiones y de su lápiz mágico comienzan a saltar al escenario tiovivos, carruseles, estallidos de fiesta, y algún gordinflón despistado que como una peonza gira sobre su propio narcisismo.

Así es Chema Diéguez, un gran dibujante, tan bueno que en cada trazo sigue manteniendo frescura y la genialidad del niño.




Podéis visitar su página web pulsando aquí: chemadieguez.tumblr.com 

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