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jueves, 30 de mayo de 2013

Las torres de la Sagrada Familia

Sagrada Família. Fachada de la Pasión.

Cabizbajo, dando vueltas y más vueltas a los problemas, que cada día venden los periódicos, paseaba esta mañana por los alrededores del templo expiatorio de la Sagrada Familia. 

Hoy como ayer, seguramente como mañana, un variopinto gentío se ordenaba en varias filas esperando su turno. Hoy, como todos los días desde hace casi 100 años, grúas y obreros se esforzaban en avanzar la obra unos centímetros.

Esta mañana, como todas las mañanas, una inmensa movida de jubilados, adolescentes, papás y niños de todos los colores, describían movimientos circulares hacía las puertas de entrada en todas las direcciones. Pero casi no les he prestado atención, necesitaba levantar la vista y evadirme de tanta noticia vacía; y ahí estaban las torres, de entre 98 y 112 metros...¡y dicen que son las más pequeñas!...pugnando en armoniosos equilibrios por alcanzar los cielos. Emergían como guardianes gigantes de las entradas: el nacimiento y la pasión, que son grandiosos retablos a la consideración de todo el mundo. Helicoidales, paraboloides, hiperboloides, catenarias, que más da el adjetivo. Ellas ascienden y mientras cantan al unísono santus, santus.

Por un momento, me he sentido tan ensimismado que no hubiera podido explicar si lo que veía era arte transformado en oración o que la misma mística se había dejado moldear para crear un arte sensible, porque lo que tenía ante mis ojos era realmente magnífico. Un objeto de arte. Un espacio sagrado. Un cosmos plural pero ordenado con constelaciones de santos y continuas faculatorias que aíslan de una ciudad que se mueve en un frenesí de coches, semáforos, ruidos, gritos, prisas, desorden y caos. 

En la paz de la contemplación, en ese intento de escapar trepando por las torres más altas, me ha parecido escuchar la voz grave de su arquitecto Antoni Gaudí: "Aquí en la tierra no tienen soluciones los problemas, mirad al cielo"

miércoles, 24 de abril de 2013

Chema Diéguez, ilustrador con genio


Picasso en los últimos años de su vida, en su casa de Californie, se siente libre y embadurna papeles, cartones y lienzos de colores. Se siente feliz. Preguntado sobre su obra responde: "de niño pintaba como Rafael, ahora que soy viejo pinto como los niños". Ser niño, trabajar como los niños, dar el salto a la vida guardando su encanto ¡he ahí la cuestión!

En la obra de Chema Diéguez encontramos el gran secreto picassiano: permanecer niño travieso que necesita dibujar...y guardar siempre la ilusión del primer dibujo, la risa de satisfacción al ver que otros niños de pocos años o muy mayores, lo entienden.

El logro es tal, que apenas apreciamos los esfuerzos. La obra aparece siempre precisa, sugerente y resuelta. Cuando las exigencias del guión hacen que el niño grande, el hermano mayor que es Chema Diéguez, precise usar del oficio de ilustrador, no puede dejar de lado la ternura. Nos presenta rostros ingenuos de ojos tan grandes como para devorar el mundo, párvulos agotados que comparten la cama con su osito de peluche o bebés que duermen arropados por las blandas tapas de un libro. Abre su caja de ilusiones y de su lápiz mágico comienzan a saltar al escenario tiovivos, carruseles, estallidos de fiesta, y algún gordinflón despistado que como una peonza gira sobre su propio narcisismo.

Así es Chema Diéguez, un gran dibujante, tan bueno que en cada trazo sigue manteniendo frescura y la genialidad del niño.




Podéis visitar su página web pulsando aquí: chemadieguez.tumblr.com 

martes, 27 de noviembre de 2012

Bienvenidos al blog de Juan José Abella

Este blog se crea con la intención de difundir la obra del pintor Juan José Abella. En estas páginas virtuales esperamos compartir con vosotros varias visiones sobre la obra del autor, así como artículos sobre actualidad en el ámbito de la pintura, fotografía, cine y arte en general. Publicará de manera habitual el propio Juan José Abella manteniendo también un espacio para las colaboraciones de artistas, amigos y familiares.

Pasen y vean.